“El ciudadano ilustre”: pueblo chico, infierno grande

La nueva película de los directores de “El hombre de al lado” explora los dilemas morales de un escritor argentino que recibe el Premio Nobel.

En su cuarta película, los directores Gastón Duprat y Mariano Cohn deciden volver a implantar el debate ético sobre el hecho artístico. Daniel Mantovani (Oscar Martínez) es un escritor argentino en el ocaso de su carrera que acaba de recibir el Premio Nobel de literatura. Luego de recibir una invitación, decide volver a Salas, su pueblo natal, tras 40 años de exilio. Pero apenas llega al lugar, el choque cultural entre su status de escritor profesional y la ignorancia de su pueblo le recuerda las razones por las cuáles se marchó de allí.

La actuación de Oscar Martínez resulta verosímil, pero es opacada inevitablemente por Dady Brieva en la creación del personaje de Antonio, quizás una de las construcción actorales más logradas de su carrera dramática.

Reir para no llorar

“El ciudadano ilustre”, a pesar del tono satírico que ya es marca registrada de los directores, deja un sabor amargo en la boca. La película plantea varias dicotomías sobre la condición humana, el lugar del arte y la cultura en los pueblos, y la potestad y la calidad de quien se atreva a juzgarlos.

Desde las obras cerradas que son sus largometrajes, los creadores de “El hombre de al lado” parecen gritarle al público argentino: “Dale, reite del que es diferente; pero si lo vas a hacer, bancatelá”.

Anuncios

Los pibes en Transylvania – Capítulo 19: El asado de los pibes

Facundo M. Desimone

A un costado del castillo de Cuchillo de palo, en  los jardines de Transylvania, los pibes se mandan el asado de sus vidas.

—Che Gordo, pásame un par de entrañas más —pide El oso del sueño.

La verdad es que la vaca tenía de todo, no le faltaba nada. Hasta provoleta, que no se sabe de dónde salió. Malo estaba muy dolido por el repentino fallecimiento de su cyber-hermano; permanecía callado y cabizbajao, pero igual le entraba a las mollejas que daba gusto.

—¿Qué onda, manga de gatos? ¿No hay unas verduritas para mí? —dijo una voz conocida.

—Yo tengo una flor de berenjena entre las piernas, si querés —le respondió Oso-pardo.

—¡Oiga! —la cabeza sonriente y rastosa del Primo apareció tras una pequeña colina. El sol del atardecer enrojecía todo como en una película de Hollywood.

—¡¡Primo!!

—¡¡Te recuperaste!! Qué bueno, che.

—¡Qué-no, qué-no, qué-no! —gritó El Primito, subiendo la ladera junto a su padre y a…

—Y no se olviden de mí, ¿Eh? ¡Minimantha!

—Hijo de puta, te quedaste durmiendo la mona y nos dejaste re-de garpe.

—Bueno, che; estaba enfermo… convaleciente —en ese momento apareció El oso del sueño que había digerido hace rato y volvía con un equipo de mates como para revivir a los muertos.

—El mate de los pibes, el mate de los pibes; este es el mate de los pibes —cantaba El oso del sueño.

—Mate unplugged, loco —dijo el Gordo, preparando los instrumentos para hacer de las suyas junto a los bipolares.

—Así se calienta… nuestro ritmo —mencionó Oso-pardo, conectando su bajo de madera-balsa.

—                                                                             —dijo el bajo de madera-balsa de Oso-pardo.

—Ah, tengo una sorpresa para los pibes: ¡Pepas para todos! —dijo el Primo. Todos lo abuchearon—. Bueno, está bien: No hay pepas para nadie —volvieron a abuchearlo—. Pepas para algunos… ¡Y Gin-tonics para otros! —aplausos, gritos de júbilo, vitoreos— A propósito… ¿Es idea mía o éramos más? —pregunta el Primo, mientras saca limones, agua tónica y botellas de ginebra de una mochila de campamento.

—Se; sentáte y te contamos —invita Mitad-oso.

Mientras algunos se entretenían con las deliciosas galletitas, otros disfrutaban sus gin-tonics y los bipolares y el Gordo musicalizaban el lento devenir de la noche, el Primo se fue enterando de todo lo que había pasado en su ausencia.

—¿Así que Robot-Zarnan se volvió malo y se robó a Mantha? ¿Y Cyber-Tatoo se averió y dejó de funcionar para siempre? Qué mal, che; la refruta madre…

La noche cae irremediablemente. Mientras los adultos discuten el Primito le hace u collar de huesos a Minimantha.

—Che pibes tengo que ir al aeropuerto a buscar a Merengue; ¿Me bancan un toque al pibito?

—Vaya tranquilo, jefe —disparó El oso del sueño.

—¡Gracias por la ayuda, che! —grita Mitad-oso, desde la batería.

—No, gracias a ustedes —devuelve el Primo— ¿Vamos, Mini? ¿Te quedás con los pibes, Primito?

—¡Qué-no, qué-no, qué-no!

Próximamente… Capítulo 20: My dog is bad

—¡NO, NE-GRO!

 Si te perdiste los capítulos anteriores…

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/09/07/los-pibes-en-transylvania-capitulo-15-in-the-mouth-of-madness/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/05/17/los-pibes-en-transylvania-capitulo-12-lucha-en-el-barro/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/04/18/los-pibes-en-transylvania-capitulo-9-en-el-cual-se-sigue-revelando-la-verdadera-identidad-de-tatoo/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/03/19/los-pibes-en-transylvania-capitulo-6-ruido-de-animales-salvajes/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2012/11/01/los-pibes-en-transylvania-capitulo-uno-el-primo-de-los-pibes/

Capítulo 18: MALAVAKEN???

El golpe los estampa contra la pared. El cuarto es metálico, metalizado. Hay una luz fría, blanca, y luces violetas. Parece una carnicería, o un matadero. Cyber-Tatoo tiembla varias veces en su realidad. La vaca, furiosa, fuera de sí, procedía ahora a embestir a Maloconocido. Le sale humo de la nariz, los ojos como dos tomates. El gordo se pregunta si se tratará de la famosa “vaca-loca” y el animal enseguida lo embiste también. En las esquinas de la habitación se abren unas compuertas. Se escuchan, debajo del piso, varias máquinas de picar carne. La tira de asado sin procesar empuja a los bipolares hacia las compuertas, castigándolos con sus cuernos. Los deja medio muertos, colgando por unos hilos sobre las picadoras de carne y enseguida  se concentra en su próximo objetivo: terminar con la vida del gordo.

Pero Mitad-oso, así medio muerto como está, tiene un plan. Lo mira al oso del sueño y le hace una seña. Y enseguida empiezan a cantar:

 

A todos fascina con su aleta

¡La aleta de Tatoo, la aleta de Tatoo!

Tatoo se mueve y enciende la mecha

¡La aleta de Tatoo, la aleta de Tatoo!

Tiene tanto poder que parece un cometa

¡La aleta de Tatoo, la aleta de Tatoo!

Cuando la bambolea ya no hay quien la venza:

¡La aleta de Tatoo, la aleta de Tatoo!

 

Cyber-Tatoo, que estaba a punto de apagarse, se reanima. Una aleta de luz y energía turquesa crece en su nuca, y arremete en un ataque de furia contra la vaca-loca al grito de “¡La aletaaaaaaaaa!”. Hay explosiones de luces y el espíritu del mostro se escapa por los aires. Pero también pasó otra cosa, muy loca: con las explosiones de luz y el filo de la aleta, la carne del vacuno se cocinó y quedó cortada en trozos. Los pibes se salen de la vaina, sobre todo el gordo. Toman la carne en sus manos y les brillan los ojos como si se tratara de algo místico.

—Podríamos boquetear un poco la pared y hacer un asadito en el campo de acá al lado, ¿No? Después de todo, nos merecemos un descanso… y no creo que a Cuchillo le moleste mucho que lo hagamos esperar un toque más —expresa el Gordo. Los bipolares se encargan del boquete, pero Maloconocido está en el piso junto a Cyber-Tatoo, que después de la batalla casi no tiene energías, y los vidrios oculares le titilan mucho. Con sus últimos restos de energía logra que se abra una proyección con el Tatoo real.

—… pibes… pibes, ¿Me escuchan?… —la imagen es borrosa y entrecortada, con mucha estática.

—Sí, Tatoo —dice su hermano. El gordo y los bipolares se acercan, con los brazos cargados de vacío y tira de asado.

—Che… no le queda mucho tiempo… perdió mucha energía en las batallas y está muy dañado…

—¿No podés hacer nada para ayudarlo, Tatoo?

—Desde aca no; tendría que verlo personalmente, pero…  ¿Hola? ¿Hola? ¿Chicos, me copian? ¿Chicos? Hola, ¿Me… —la comunicación se pierde, la proyección se desvanece. Cyber-Tatoo finalmente se apaga. Malo lo mueve, pero es en vano. Los bipolares cruzan la pared.

—¿Vas a estar bien? —dice el Gordo.

—Sí; ustedes vayan yendo, ahora los alcanzo… —responde Malo. El gordo cruza también. Malo se queda de rodillas, llorando en silencio a su Cyber-hermano.

La Aleta de Tatto

 

Próximamente… Capítulo 19: El asado de Los pibes (“Maybe my last words…”)

 

—Miren a quién me encontré…

—¡Oiga!

 

Castillo de Drácula, Transylvania

 

 

           

 

 

 

Los pibes en Transylvania – Capítulo 17: Hay robots gigantes…

—¿Y eso?

—Robots gigantes… —dice El gordo, antes de que uno de los robots haga volar gran parte del suelo de un misilazo. Los pibes intentan tirarle cosas, pero nada. Las armas a base de ultrasonido y energía lumínica de Cyber-Tatoo tampoco parecen servir de nada. Los bipolares prueba con música, pero tampoco. Ellos, en cambio, los machacan a diestra y siniestra. Los hacen volar para todos lados. Los calcinan con sus puños de hierro y sus rayos-laser a diestra y siniestra. Parecen indestructibles. Uno especialmente se la agarra con Cyber-Tatoo y lo aplasta contra el piso a trompadas. Los bipolares se refugian tras una especie de malformación metálica del piso, aunque alguno de ellos intuye que no tiene demasiado sentido.

—Bueno, llegó lo que tanto temíamos: el fin de los pibes… —suspira Mitad-Oso.

—No —sorprende Oso-pardo—. Una vez, escapando del Antirocker, viajé accidentalmente al futuro. Ahí me hice unos amigos y me invitaron a una fiesta. Y en esa fiesta la conocí —se para, dejando en evidencia el lugar de su escondite—. El amor de mi vida —con la mirada perdida, hace como quien se quita un sombrero imaginario y se lo lleva al pecho—: la mujer-robot. Ella me enseñó cómo derrotarlos.

—Esteee… ¿Querés activarla, antes de que nos maten a todos? —le sugiere Mitad-oso, volviéndolo a la realidad.

—¿Eh? ¡Ah, sí! Los robots —saca de su mochila una trampa parecida a la de los cazafantasmas y la arroja cerca de los robots.  El primer objetivo, llamarles la atención, da resultado. El que estaba mediomatando a Cyber-Tatoo lo deja en paz y va con los demás a investigar el extraño objeto. Entonces Oso-pardo, que, vale decirlo, tiene un ojo en compota, saca un control remoto y sonríe.

—Acá es cuando se van al infierno, hijos de puta —al activar la trampa empiezan a salir un montón de bichos extraños, gigantes y translúcidos.

—¿Y esos bichos?

—Godzilas-fantasmas: el terror de todo robot-gigante —y parece ser cierto porque los robots, presa del más genuino terror, destruyen la pared y escapan del castillo, perseguidos por un sinfín de Godzilas-fantasmas sedientos de sangre-robot. Los bipolares ayudan a sus amigos.

—Todavía no nació persona o bicho alguno capaz de causar El fin de los pibes —dice Oso-pardo. Mitad-oso sonríe. Maloconocido, una vez más, va en ayuda de su Cyber-hermano, que apenas se puede levantar. La luz que emerge por sus vidrios oculares, rajados y astillados, parpadea casi constantemente.

—¿Estás bien?

—Sí… sí, creo que sí.

Próximamente… Capítulo 18: MALAVAKEN???

¡¡Chicos!! ¿¿Qué pasa con Minimantha que hace tanto que no aparece?? ¿¿La llamamos?? ¡¡Mi-ni-mantha!! ¡¡Mi-ni-mantha!! ¡¡Mi-ni-mantha!! ¡¡Mi-ni-mantha!!

 Si te perdiste los capítulos anteriores…

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/07/10/los-pibes-en-transylvania-capitulo-14-robot-zarnan-el-peor/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/04/18/los-pibes-en-transylvania-capitulo-9-en-el-cual-se-sigue-revelando-la-verdadera-identidad-de-tatoo/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/04/04/los-pibes-en-transylvania-capitulo-8-jungle-man-atencion-en-este-capitulo-se-revela-la-verdadera-identidad-del-personaje-conocido-como-tatoo-el-que-no-quiera-saberlo-omi/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2012/12/24/los-pibes-en-transylvania-capitulo-5-los-socios-del-desierto/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2012/11/14/los-pibes-en-transylvania-capitulo-tres-magic-mr-beans/

Los pibes en Transylvania – Capítulo 16: El bicho-caca

 Facundo M. Desimone

—Cuida

—Do-con

—Piuta! —cantan los osos bipolares. Las paredes del castillo estaban hechas con esos ladrillos de piedra gris, antiguos, gigantes y obivamente musgosos. De repente las luces se apagaron y cuando El godo encendió un encendedor de esos berretas de 2 pesos y los pibes se llevaron el julepe de sus vidas. A unos metros de ellos habían aparecido cuatro… “brujos” (por llamarlos de alguna manera), muy parecidos a los monjes del Mortal Kombat II.

—¿Qué desean los señores? —preguntó uno de los brujos.

—Esteee, no… nosotros queríamos hablar con el dueño del… castillo? —logra articular Maloconocido, rascándose el marote.

—A ver que podemos hacer… —dicen los brujos, y se van. El gordo se quema con el encendedor, grita, lo tira y oscuridad nuevamente. Malo prende su Zippo dorado de 90 mil dólares y el año del culo y esta vez todos gritan, porque los brujos ahora están a apenas unos centímetros de ellos, exhibiendo unas sonrisas siniestras.

—¿No iban a ver “qué onda”? Qué pasó, ¿No? —El oso del sueño, algo enojado.

—Es que… queríamos ver si necesitaban algo más.

—No; no necesitamos nada —Se apuró Oso-pardo.

—Bueno. Nos vamos, entonces… Ja ja ja ja ja ja

—Que gente rara —dice el Gordo, siguiéndoles la trayectoria con la mirada. Mitad-oso se acuerda, así como así, del nivel 3 de uno de los Mario: había unos fantasmitas blancos re molestos que se acercaban cada vez que uno no los veía. Ve una especie de candelabros en las paredes, pero parecen controlados por unas instalaciones electrónicas,todas con entradas usb.

Encendé los candiles que los brujos piensan en volver —le sugiere en voz baja a Cyber-Tatto.

Cyber se acerca a los puertos usb, inspecciona, conecta algo y logra encender la instalación, en el mismísimo segundo en que el Zippo se queda sin bencina. Caminan unos metros más y enseguida llegan a una habitación que es como una especie de galpón, altísimo. La penumbra domina el lugar, sin instalaciones electrónicas, alumbrado tan solo ténuemente por las últimas luces del ocaso que se filtran por unos tragaluces altísimos que casi tocan el techo. Parece uno haber ninguna puerta. Se dan vuelta, pensando que tal vez equivocaron el camino, pero la puerta por la cual entraron parece haber desaparecido.

—¿Y ahora…? —Maloconocido para algo más inquieto que los demás. Todos escrutan el lugar. Un sonido, como un susurro o un murmullo, se empieza a filtrar en el lugar: “… caquita-caquita-caquita-caquita-caquita-caquita-caquita-caquita…”. El gordo y los bipolares intercambian gélidas miradas de terror.

—¡¡El bicho-caca!! —antes que nadie pueda reaccionar un bicho gigante, horrible y deforme hecho de una sustancia verdosa y gelatinosa salido de la nadalos golpéa con un puño que parece de hule y la fuerza de 10 mil hombres al grito de “¡¡¡CACA!!!”.  Los pibes vuelan por todos lados, algunos se dan de bruces contra las paredes.

—¿Qué es… esa cosa? —pregunta un Cyber-tatoo aturdido.

—El bicho-caca —contesta Oso-pardo—. Lo único que sabemos es que nació en la ciudad de Santa-físu. Todo lo demás es un misterio.

—MAMA?? —el bicho pega un tremendo pisotón. La tierra tiembla y los pibes, salen volando, otra vez. Esta vez, el bicho-caca, ni lento ni peresozo, los golpea furiosamente en el aire, por lo cual las caidas son mucho más violentas que la vez anterior. Los pibes se levantan bastante malheridos, pensando en como podrán derrotar a esa bestia horrible y salvaje. Nada. Oscuridad total. Y el susurro, “…caquita-caquita-caquita-caquita…”.

—¿Alguien anotó la matrícula? —bromea Cyber-Tatoo, pero no tiene mucho tiempo para bromear porque enseguida el bicho-caca aparece a su lado y le escupe un babazo de gelatina verde que lo estampa y lo deja pegado contra la pared.

—¡¡TATOO!! —su hermano va al rescate, disparando como una flecha. Los pibes intentan cubrirlo, pero el bicho los vuelve a rebolear por los aires, y les escupe la misma baba verde y pegajosa.

—¡¡CACA!! ¡¡MAMA!! ¡¡CACA!! ¡¡MAMA!! ¡¡CACA!! ¡¡MAMA!! ¡¡CACA!!

—¿Estás bien? —Malo ayuda a Cyber-Tatoo a salirse de la baba. Cyber-Tatoo trastabillea, mareado, y su imagen parece temblar un par de veces en su cyber-espacio.

—Sí… sí, creo que sí —en caida libre, todo enchastrado y a punto de perder la consciencia, el gordo se ilumina. Unos vagos recuerdos de un pasado no tan lejano llegan a su mente. Esta vez la caida es brutal. Los osos apenas logran levantarse y despegarse de la baba verde. El gordo tiene la sensación de tener varios huesos rotos en su pierna derecha. Pero no le importa: ya sabe como vencerlo.

—Prestame un toque la viola, pibe —le grita al Oso del sueño. El oso comprende, lo mira, asciente, y le tira su guitarra de nieve metalizada que el Gordo atrapa en el aire. Después saca una pequeña y extraña máquina electrónica, y empieza a hacer unos sonidos raros. Los otros osos también comprenden. Mitad-oso improvisa una batería electrónica.

—                                       —dice el bajo de madera balsa de Oso pardo (cuya voz solo él puede oir), y se suman también a la za(r)pada. La música suena todos lados. Cyber-Tatoo improvisa unas luces y unas plataformas a las que enseguida se trepan los bipolares. Parece un boliche. El bicho-caca está desorientado, no entiende nada. La música llega a su clímax y explota. A los osos les crecen unas especies de micrófonos de diadema en las caras, y empiezan a cantar. De repente todo es una fiesta.

—Perdona que insita, escucha un momento: dejá de alejarte, de poner pretextos, estás ocupada en tus-pro-yec-tos; no tienes ni tiempo para los sentimientos —canta el Oso del sueño. Oso-pardo le hace los coros, una octava más arriba.

—¡Se qué fuiste clara y que no quieres nada, que tu, por ahora, no estás inte-re-sa-da! —canta Mitad-oso, desde su batería electrónica voladora. El Gordo toma carrera y trata de enganchar una de las plataformas que suben y bajan. Cyber-Tatoo entiende todo, imrpovisa una especie de micrófo digital y se lo arroja.

—¡Tomá, Gordo! Espero que te sirva de algo… —El gordo lo atrapa en el aire, todavía con la guitarra colgando, y le sonríe. Una vez que cae en la plataforma, lo mira de frente al bicho caca, y empieza a rapear. Los osos, anticipando el final de la situacion, le hacen los coros, felices de la vida de que el Gordo vuelva a las pistas.

—Te pido que pruebes, que no te lo pierdas: desaprovecharlo sería una mierda. Dame la chance de armar mi jugada, si estás tan hermosa toda perfumada. Si a toda la fiesta tenés encantada: las gatas, celosas, miradas te lanzan; nerviosas se ponen si a tu lado danzan: aunque se produzcan, ¡NO se comparan con vos!

El bicho-caca pega un grito fortísimo, parecido al de Munra en la presentación de los Thundercats, comienza a desvanecerse, y finalmente implosiona, desapareciendo de la habitación. Los pibes festejan. En la pared extrema por la cual entraron aparece, también de la nada, una puerta, parecida a la que aparece en uno de los niveles-castillo del Super-Mario Bros. III.

—B-bien… fase-uno: finalizada —Cyber-Tattoo se acerca, usando a su hermano de Muleta. Los pibes flashean, pero el afirma estar bien—. Vamos a ver que encontramos del otro lado de esa puerta…

La atraviesan en manada, y una luz blanca y centellante los recibe y les da de lleno.

 Próximamente… Capítulo 17: “Hay robots gigantes…”

Bear cave2

El Oso del Sueño

—Hey, chicos, todos nos divertimos mucho hoy pero ahora hay que hablar de algo en serio: el tema Mi jugada es copyrigth pura y exclusivamente de Facundo Ángel Gaba, y cualquier persona que lo use sin su consentimiento deberá enfrentarse a su furia despiadada y a una muerte violenta y repentina, ¿Sí? HULA!

—Y… ¡¡No se olvide de mí, eh!! ¡¡MINIMANTHA!! HULA! (agudo)

Otros capítulos geniales de la crazy-nouvell “Los pibes en Transil”

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/05/16/los-pibes-en-transylvania-capitulo-11-de-joda-con-nenas-vampiras/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/05/17/los-pibes-en-transylvania-capitulo-12-lucha-en-el-barro/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/05/24/los-pibes-en-transylvania-capitulo-13-hora-0/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/07/10/los-pibes-en-transylvania-capitulo-14-robot-zarnan-el-peor/

https://transportadordeserpientes.wordpress.com/2013/09/07/los-pibes-en-transylvania-capitulo-15-in-the-mouth-of-madness/